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Manuela Malasaña, nuestra heroína epónima

Epónimo: Se dice del nombre de una persona o de un lugar que designa un pueblo, una época, una enfermedad, una unidad, etc. (Del Diccionario de la Real Academia de la Lengua española).

Doña Manuela Malasaña en el Museo del Ejército


Relata Fernández de los Ríos en su Guía de Madrid, que el chispero Juan Manuel Malasaña defendió, desde su casa de la calle de San Andrés, las puertas del Parque de Artillería a tiro limpio, ayudado por su mujer, María Oñoro, y su hija Manuela, de dieciséis años, muerta en el momento de dar cartuchos a su padre, quien, con el cadáver de su hija delante, continuó haciendo fuego hasta consumir el último grano de pólvora.

    Pero el erudito Carlos Cambronero ha realizado investigaciones que demuestran la inexactitud de la versión de Fernández de los Ríos. En efecto, Cambronero encontró la certificación del fallecimiento de Manuela Malasaña, que dice: "Manuela Malasaña, soltera, de edad de quince años, hija legítima de Juan, difunto, y de María Oñoro, parroquiana de esta Iglesia, calle de San Andrés, num. 18, murió el dos de mayo de 1808, se enterró de misericordia. Concuerda con su original a que me remito. San Martín, de Madrid y mayo 12 de 1815. Fray Bernardo Seco".

    Por tanto, cuando murió Manuela el 2 de mayo, su padre ya había muerto. Pero ello no desmerece la gloria de la Malasaña, pues, efectivamente, la muchacha trabajaba en un taller de costura y su maestra, al escuchar los tiros que de todas partes sonaban, no permitió que las costureras saliesen del taller hasta que cesara el fuego. Ya anochecía cuando el silencio volvió a reinar en las calles y fue entonces cuando le fue permitido salir a Manuela.

    Regresaba la muchacha presurosa hacia su casa pero durante el trayecto fue detenida por una pareja de soldados franceses que intentaron registrarla, a lo que ella, por pudor, se opuso. Los soldados le hicieron promesa de dejarla libre si se iba con ellos, pero ella, cogiendo las tijeras que llevaba en el bolsillo, les amenazó si se acercaban o se atrevían a tocarla. Los franceses ante tal resistencia la fusilaron en la propia calle.

    El Museo del Ejército rememora su gesta con su retrato sobre lienzo, sito en la Sala de Heroínas. Aparece en pie, hasta la rodilla. Viste torera negra, camisa con chorreras y falda ocre. Su mano derecha, que sujeta un pañuelo, se apoya en un pedestal y la izquierda la tiene en la cadera. Al fondo un paisaje urbano.

(Boletín informativo. Museo del Ejército. Octubre 1996. Núm.2)